(Mi) día del orgullo raro

Hace algún tiempo, cuando le mostré a una juiciosa y rubísima amiga eslovaca fragmentos de “La bola de Cristal” se quedó bastante escandalizada. Ella, que venía de una infancia detrás del telón de acero, no podía comprender cómo en España, a principios de los ochenta, se podían ver cosas así. Me dijo: “¡Una punkie prrresenta un prrrogrrrama parrra ninios! Ya empiezo a entenderrr porrrr qué ‘errres’ loca”.

Debo reconocer que algo de razón llevaba y que si algo le debo a esas mañanas de sábado con Alaska es ese punto de originalidad que impregna cada uno de mis actos. No llevo rastas, ni los labios rojo sangre, ni mallas de colores, pero debo reconocer que rarita soy un rato.

Por ejemplo, no es muy normal que cuando estoy en el trabajo lo que más me gusta es desayunar algo rodeada de chicos que hablan de videojuegos, fútbol y películas de tiros. Debería quedarme con las chicas hablando de…de… Ahora que lo pienso, ¿de qué hablan las chicas? Solamente el plantearme esta pregunta debería colocarme en la galería de los raros de narices (que son más raros que los raros comunes y corrientes).

Tampoco es lógico que deteste las cursiladas de la manera que las detesto. No soporto ver a las típicas parejitas empalagosas llamándose cari, amor o cuchi-cuchi. ¡Se supone que es tu pareja, no tu bebé! De verdad, no exagero con mi fobia al pasteleo. Es ver una foto de Anne Geddes o un gadget de Hello Kitty y salirme sarpullidos. Sin embargo, cuando matan a un monstruo en una peli no puedo evitar enternecerme y compadecerme del pobre bicho.

Por mi aspecto externo, sin embargo, no es fácil reconocerme como a una rara-de-narices porque me gusta vestir bien, arreglarme e ir a la moda. Pero las apariencias engañan. Condenaría a todas las fashion victim a trabajos forzados en un Burger King de extrarradio lleno de canis por empeñarse en rescatar modas horribles felizmente enterradas (hombreras, encajes, pantalones-globo). Y en cuanto a los metrosexuales… A este respecto yo siempre digo que tengo tres reglas.

1. No podria salir con un hombre que use más cremas que yo y me quite sitio en el baño.

2. No quiero que mi chico tenga el cabello más largo que yo y me robe las gomas de pelo.

3. Me niego a que mi chico vaya más depilado que yo. Una cosa es ser una superwoman y otra muy distinta ser el “hombre de pelo en pecho” de la relación.

Además, me gusta que sean un poco desastres con respecto a la moda para poder experimentar con ellos (¡Muahahahaha!). Por eso, si hubiese un cataclismo mundial y sólo quedásemos un metrosexual y yo, se extinguiría la raza humana. Entre otras cosas porque nos pelearíamos por los últimos jabones sobre la tierra y tendría que matarle.

¿No te parece lo suficientemente raro? Pues alucina: me gustan los documentales, he cambiado de color de pelo más que de zapatos, me gusta cantar a pleno pulmón cuando conduzco (y conduzco mejor cuando lo hago), juro como un carretero en las conversaciones con gafapastas y utilizo expresiones refinadas con los canis por pura diversión…

Podríamos pasarnos enumerando rarezas hasta que llegue la tercera república y probablemente nos seguirían faltando cosas que añadir a la lista. Entre otras, que estoy orgullosa de ser una loca y una rara. Pero lo bien que me lo paso siéndolo, ¡eso sí que es raro, raro, raro!

2 respuestas a (Mi) día del orgullo raro

  1. Don Alipio dice:

    Cada día pienso con más fuerza que estamos hechos el uno para el otro😉

  2. Marcos dice:

    Buscando una foto de Papuchi he dad con tu post. Muy simpático. Sigue así, raraw, raraw, raraw…😉

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