(Mi) día del orgullo raro

23 octubre 2008

Hace algún tiempo, cuando le mostré a una juiciosa y rubísima amiga eslovaca fragmentos de “La bola de Cristal” se quedó bastante escandalizada. Ella, que venía de una infancia detrás del telón de acero, no podía comprender cómo en España, a principios de los ochenta, se podían ver cosas así. Me dijo: “¡Una punkie prrresenta un prrrogrrrama parrra ninios! Ya empiezo a entenderrr porrrr qué ‘errres’ loca”.

Debo reconocer que algo de razón llevaba y que si algo le debo a esas mañanas de sábado con Alaska es ese punto de originalidad que impregna cada uno de mis actos. No llevo rastas, ni los labios rojo sangre, ni mallas de colores, pero debo reconocer que rarita soy un rato.

Por ejemplo, no es muy normal que cuando estoy en el trabajo lo que más me gusta es desayunar algo rodeada de chicos que hablan de videojuegos, fútbol y películas de tiros. Debería quedarme con las chicas hablando de…de… Ahora que lo pienso, ¿de qué hablan las chicas? Solamente el plantearme esta pregunta debería colocarme en la galería de los raros de narices (que son más raros que los raros comunes y corrientes).
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